lunes, 7 de enero de 2013

LOS IJNFECTADOS_ CAPITULO 47

1 día antes del despertar de Fénix

La huida de Nueva Aranjuez dirigida por Lautin se hizo perfectamente y sin baja alguna. Evadiendo cualquier grupo de revolucionarios de la ciudad y aniquilando a los pequeños grupos de infectados que se encontraban por el camino, todos los militares pronto llegaron a la autovía de Andalucía.
-Soldado, ¿que tal va Jackman?- Lautin sabía que su líder necesitaba máximos cuidados. Tenían un militar que manejaba un poco las medicinas pero sin equipamiento adecuado y Jackman, herido gravemente durante el asedio a palacio, necesitaba aparte de bastante instrumental en manos de un médico profesional y una de las razones de la huida de Nueva Aranjuez fue esa, encontrar algún hospital cercano a esa zona. Sabían que el hospital de Aranjuez estaría destrozado y saqueado. Además, seguramente el grupo de los malditos bastardos a los que mandaron allí a por medicinas, al no haber vuelto significaba que no habría conseguido sobrevivir y ya no necesitaban a Fénix. Por eso le abandonaron a su suerte por la zona de Valdemoro. Ya no tenía conocimiento por la herida de disparo y seguramente no duraría mucho estando a merced de los infectados que hubieran por las proximidades.
-Sigamos rápido. En Valdemoro se encuentra otro hospital. Puede que encontremos algo para ayudar a Jackman.
-Si señor.
A la orden de Lautin, todos empezaron a moverse rápido. Sabían que el tiempo corría en su contra y que si no llegaban a su destino en poco tiempo, perderían a su líder y sus futuras luchas ya no tendrían tanta fuerza.
Valdemoro, una ciudad que en pocos años se había ampliado hasta casi duplicarse en viviendas, no resultó ser un lugar con muchos peligros. Un grupo de militares junto a los dos francotiradores, se adelantaron para ir limpiando el camino hasta el hospital. Pronto llegaron donde encontraron lo que Lautin se había imaginado. Un edificio arrasado y seguramente desmantelado por su aspecto. Por sus ventanas se observaban lo que quedaba de sus cortinas blancas, ahora grises.  Camillas en el suelo, colchones amontonados y quemados cerca de la puerta principal y restos calcinados de cuerpos de infectados. No parecía haber actividad  alguna por lo que dos militares y el médico-militar se adentraron en él. A la media hora, dio el visto bueno para intentar salvar a Jackman de las garras de la muerte.
-Nos quedaremos aquí a pasar la noche- habló Lautin a sus hombres – haremos guardias como solemos actuar. En cuanto a vosotros – llamando a los dos francotiradores- subid a la azotea y cualquier amenaza que veáis mantenerme informado.- Y así procedieron.
La noche pronto se hizo y la oscuridad empezó a cubrirles por completo. Sabían que cualquier luz podría traer problemas, por lo que intentaron no iluminar nada.
-¿no te parece extraño que en esta ciudad no haya tanta actividad de infectados como en otras?- el militar que hacía la primera guardia hablaba con su compañero. Estaban apostados cerca de la puerta principal, por donde habían conseguido abrir un hueco por el que acceder al edificio sin complicaciones.
-La verdad es que sí. Lautin quizás no le ha dado tanta importancia por lo de Jackman, pero es algo que no me gusta nada. No sería la primera vez que es una trampa.
- Vamos tío. ¿No me digas que tienes miedo de los podridos esos? Te recuerdo que ellos no forman trampas ni piensan.
- No se tío. He visto ya tantas cosas que...-
-Déjalo cagón. Me voy a mear. Ahora vuelvo.
-Ok tío, pero no te vayas lejos donde no te pueda ver.
Su compañero se alejó riendo hasta que la oscuridad le envolvió.
-Tío, no te veo

-Déjame mear tranquilo pesado- y justo en ese momento se oyó un ruido metálico.
-¿Qué ha sido eso?- alarmado el militar dejó su puesto y se acercó donde había desaparecido su compañero para mear. – No me gustan las bromas. Como te pille te...—otra vez sonó el sonido metálico. Breve, casi insonoro si no es cerca de la zona.

El militar, alarmado, cogió el arma y empezó a apuntar por la zona.
-Tío, no te lo digo más. Sino, daré la alarma a Lautin- pero no le dio tiempo, algo le agarró con fuerza los tobillos y le tiró al suelo con tan mala suerte que se dio un golpe fuerte en la cabeza con una piedra, haciéndole perder el conocimiento.

Cuando despertó, notó un dolor intenso en la parte baja del cuerpo. Abrió los ojos y notó un olor fuerte y extraño.

-¿Dónde estoy?-
Todo estaba oscuro y callado hasta que se escuchó un ruido metálico como si fuera una puerta. Entonces, unos ruidos empezaron a escucharse acercarse a él.

-¿Quién hay ahí?- fue a echarse mano al arma pero no lo tenía.
-Tranquilo. Si no haces fuerza te dolerá menos. No queremos que estés tenso. – una voz baja tenebrosa le habló. Notó una sensación de miedo que no había tenido antes.

-¿Quiénes sois y que queréis? ¿Dónde están mis compañeros?- pero no le contestaron. De pronto notó un corte rápido por el brazo que le hizo acercarse a un lado de la pared.
- No te muevas por tu bien-

- Iros a la mierda ¡AHH! – notó otro corte en el otro lado. Fue a echarse hacía atrás pero algo le hizo que se cayese. Ya en el suelo, empezó a palpar lo que era un cuerpo de una persona, sin pelo, con ropa fuerte estaba caída en el suelo. Le faltaba un miembro. Entonces recordó a su compañero que tenía un bulto por la parte de la nuca. Tocó y se dio cuenta que era él.

Otro corte pero esta vez por el cuello le hizo tumbarse hacía arriba. No le dio tiempo a reaccionar. Intentando respirar pero sin éxito, algo le brotaba y no le dejaba meter oxígeno en su cuerpo. Era su propia sangre. Le acababan de degollar.
- ¿crees que con esto bastará por hoy? Somos muchos y los que cogimos hace días se están descomponiendo. Creo que lo mejor será llevárnoslo entero.- fue lo último que escuchó antes de perder para siempre el conocimiento. Dos personas estaban  discutiendo por donde hacer el primer corte para dar de comer a más gente.

Ahora era comida.

domingo, 25 de noviembre de 2012

LOS INFECTADOS_ CAPITULO 46


Abrió los ojos y observó en penumbra como alguien pasaba un pequeño trapo mojado. Lo agradeció, ya que se notaba caliente.  Aún así, un fuerte olor le hizo que se moviese intentando levantarse.

-Tranquilo, descansa- habló una voz femenina que no le sonaba – tienes  fiebre, pero estás mejorando.-

-¿Dónde estoy y donde están mis amigos?- Quiso incorporarse de nuevo pero no pudo. Tenía un dolor fuerte cerca del pecho el cual le hacía casi imposible el realizar algún movimiento.

-Tuviste que recibir un disparo y por centímetros no hubieras vuelto a abrir los ojos- habló la voz de nuevo. – Pero por favor, no hagas más esfuerzos. Te necesitamos para sobrevivir. Descansa-

El hombre volvió a tumbarse. Se relamió sus labios secos e intentó tragar saliva. Estaba sediento. Seguramente la perdida de sangre y la fiebre agrandaban esa sed que tenía.

- Por favor, necesitaría que me dieseis un poco de agua- notó entonces algo- ¿Qué es ese olor como ha podrido?-

-¿agua? Si espera un momento- al momento le trajeron un vaso de plástico,  quizás un antiguo envase de yogur y que ahora actuaba de vaso. Lo cogió con ganas y se lo bebió rápidamente. – bebe con moderación, es el agua de un día entero.- pero él no se resistió y se lo bebió de golpe.

-Es muy poco. Necesitaría más-

-Es lo que hay. No nos dan más.-

-¿Como que no os dán más? No entiendo nada. ¿Dónde me encuentro y a qué os referís con lo de que no nos dán más?-

Hubo un silencio hasta que al rato una voz, esta vez masculina, lo rompió.

-Estás en algún edificio, nave o casa el cual no sabemos donde está ubicada. Nos tienen encerrados aquí a merced suya.

-¿pero quienes? Y ¿Cuántos sois?-

-Ahora mismo somos tres. Yo, Joaquim  y la que te está realizando todos los cuidados es Natalia. También está Lucía, pero ahora……..esto,  está dormida profundamente.- El hombre se quedó callado. Luego prosiguió - En cuanto a ellos…no se quienes son, lo que sé es que te necesitamos para salir de aquí.-

- si por favor, sácanos de aquí, te lo pedimos por favor. Natalia se echó a llorar mientras se agarraba al hombre.

-ahhh me duele, ten cuidado.- el hombre la calmó mientras Natalia se apartaba dándose cuenta que estaba aún mal.

- Y tú, ¿Cómo te llamas?- habló Joaquim.

-Mi nombre es Fénix, y tened por seguro que no me pienso quedar mucho aquí, así que empecemos por averiguar como salir de aquí.

LOS INFECTADOS_CAPITULO 45


Marco miraba hacía la puerta de la azotea, esperando que llegase aquel momento en el que los infectados entrasen y se abalanzasen sobre él. No le gustaba ese final, pero ya no podía hacer nada más. Estaba rodeado. Todo el grupo lo había conseguido. Al menos eso le reconfortaba. Cerró los  ojos y esperó. Pero en aquel momento, unos golpes metálicos fuertes  hicieron que se levantase para ver que ocurría. Miró su procedencia y era desde el desguace: Estaban llamando la atención de los infectados para que él pudiera bajar de la azotea y acercarse a donde estaban ellos.

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Aquel grito me hizo recordar que si yo también hacía ruido, podría llamar la atención y al menos intentar dar otra oportunidad a Marco de escapar de allí. Tenía que intentarlo. Algo me decía que Marco tenía que estar con nosotros.

Me acerqué a la mitad del esqueleto de un antiguo Seat Ibiza y con mi vara empecé a golpear. Mi idea pronto hizo efecto y llamó la atención de varios infectados que estaban cerca del local donde Marco se encontraba. Nando, una vez terminado de observar que no había infectados, se unió dando más golpes. En cuestión de minutos, teníamos a la mayoría de los infectados pegados a la valla y gritando desesperadamente por no poder atacarnos y abalanzarse sobre nosotros.

-¡EH GRANDOTE! – Gritó Nando rápidamente a Marco – AHORA TE TOCA A TI TRABAJAR-

No fue fácil el que Marco se uniese a nosotros. Hasta no pasadas las dos horas sin parar de hacer ruidos, turnándonos entre Diana, Nando y yo mientras Alex junto a Tomás seguían vigilando los pequeños agujeros de la verja, Marco no encontró una cobertura amplia para poder deslizarse por una cañería de agua y cruzar la calle. Casi no se dieron cuenta los infectados. Con la ayuda de Alex y Tomás, consiguió entrar por el mismo agujero por el que entró Tomás y yo. La noche se había echado por lo que decidimos pasar la noche allí, dentro de un autobús sin neumáticos y sin ventanas, pero que al menos serviría de cobijo para reponer fuerzas.

martes, 6 de noviembre de 2012

LOS INFECTADOS_CAPITULO 44


No dio tiempo a ver si tenía algo roto Tomás. Levantándome rápidamente y observando que yo me encontraba bien excepto unos pocos dolores en los brazos y en el costillar derecho, fui a por Tomás y le agarré para que se levantase. Teníamos que encontrar una manera de salir de esa situación, ya que el grito de éste alteró a los infectados que se encontraban cerca.

-¡CORRED HACÍA EL OTRO LADO!- grito Nando mientras empezaba a buscar alguna abertura por la valla del desguace- LES TENEIS ENCIMA- y era cierto. Dos infectados, alertados por el grito, cruzaron la esquina de la puerta principal del local de donde nos encontrábamos y al toparse con la situación, se les activó la rabia interior provocando que empezasen a tener una fuerza un poco sobrenatural. Corriendo rápidamente hacía nosotros, solo dio tiempo a que Tomás se levantase y corriéramos hacía la valla.

Mienten cuando en las películas saltan esas vallas de un salto apoyándose con los brazos. Ni por asomo, por lo que ni intentamos hacerlo: Nos hubieran atrapado en el intento así que hicimos caso a los consejos de Nando guiándonos hacía la entrada.

–Venga, estáis cerca- gritaba uniéndose a este los demás.

Empezamos a correr apresuradamente. Llegó un momento en que ya Tomás era para mí secundario. No me importaba ya el que sobreviviese. Notaba el aliento de los infectados casi detrás de nuestras nucas cuando empecé a observar una pequeña abertura en la verja. Si llegaba allí antes de que me atrapasen podría meterme y ahorrarme el mal trago de llegar hasta la puerta donde nos indicaba Nando. Así pues, cuando llegué, directamente me lancé con los pies por delante hacía el agujero, pudiendo entrar. Tomás, no era tan ágil y entró agachándose, con tan mala suerte que su colgante con su símbolo de religión se le quedó atrapada en la verja. El mismo se estaba ahogando cuando le empezaron a atrapar con las manos los infectados, pero una rápida actuación de Alex y Nando, agarrándole y golpeando los brazos de éstos, hicieron que Tomás se salvase. En cuanto se apartó del agujero, Víctor empezó a mover junto a Diana unas puertas de coche para intentar hacer una barricada y no permitir la entrada a los infectados.

-Ayudarme a cerrar todo esto- solicitaba mientras tanto Tomás como yo nos intentábamos calmar. Tenía fuertes taquicardias del sobreesfuerzo que acababa de realizar y por un momento estuve a punto de perder la conciencia, quizás también por la falta de alimentos y líquidos en mi cuerpo, pero cuando observé la situación una fuerza interior me hizo levantarme y empezar a organizar todo:

- Diana, coge a tu hijo y a Adán y ve hacía la parte más lejana. Tomás, coge un hierro, bastón o lo que puedas y defiende junto a Víctor de todo aquel podrido que se nos acerque – Observe a los demás y su situación. – Nando, verifica que el recinto no esté lleno de infectados. Yo voy a ayudar a Marco a que llegue a nosotros – agarré una vara de aluminio, caída, seguramente perteneciente al despiece de un coche y fui al la zona del recinto cercana al local donde nos encontrábamos. Allí, Marco, miraba desde la azotea como una veintena de infectados empezaban a situarse a los pies del edificio a la espera de que decidiese tirarse. Mientras, los demás infectados que habían podido acceder al local y  estaban a punto de irrumpir en la azotea, hecho que le hizo ponerse más nervioso a Marco y empezarse a plantear el tirarse desde la azotea. No tenía escapatoria. Echó una mirada hacía mi posición y negó con la cabeza, dándome a entender que el estaba perdido.

-¡MARCHAROS SIN MÍ.YO YA ESTOY MUERTO!- y desapareció por el borde de la azotea, sentándose, mientras mi mirada se quedaba clavada hacía allí.

De pronto, un infectado agarró fuertemente la valla. Le faltaba medio rostro, seguramente por algún golpe. Con el único ojo que le quedaba, clavó su mirada en mí y ante la impotencia de no poder atraparme, empezó a gritar.   Su grito fue aterrador. Acto seguido, empezaron a acercarse a la valla otros infectados. Entonces, se me ocurrió como sacar a Marco de allí.

sábado, 15 de septiembre de 2012

LOS INFECTADOS_ CAPITULO 43


Un golpe fuerte nos devolvió a la situación de donde nos encontrábamos. Los infectados, con una fuerza endiablada, golpeaban las puertas de entrada al local haciendo que los obstáculos y materiales que colocamos para hacer la barricada empezasen a ceder.

-Esto no durara mucho. Debemos subir a la azotea.- Marco habló de nuevo. Dicho esto, empezamos a subir por una pequeña escalera donde pudimos divisar todo nuestro alrededor a duras penas por la oscuridad. Por suerte, el local no era perteneciente a un piso sino era un edificio de dos plantas bajo. Pertenecía a una zona de Pinto relativamente antigua, quizás del casco viejo. Estaba anexo a una gran explanada vallada ocupada por coches aparcados, de mala manera, algunos en muy mal estado. Claramente se trataba de un pequeño desguace y mas allá había un cartel muy grande donde unas letras medio borradas indicaban algo que empezaba por -NAS-

-¡NASSICA! Conozco esta zona. Está cerca del Centro comercial Nassica y eso está muy cerca de Getafe – salté de pronto. – estamos de suerte. Estamos cerca de las afueras de Pinto y cerca de Getafe. Con suerte podremos resguardarnos en el gran centro comercial- miré de lejos y me quedé pensativo. Cuantas veces habría ido a ese centro comercial con María José. Ahora ya no se podría repetir esto. La vida había cambiado. El mundo ya no era el mismo.

-Hace gracia- me tocó el hombro Alex mientras seguía hablando – No es por nada pero sabes que el camino no va a ser fácil. Si no nos empezamos a mover, ese desguace se llenará de infectados y creo que peor no se podría poner la situación- en qué hora habló Alex. Una gota tocó mi mano apoyada al borde de la azotea. Noté un pequeño frio que me subió por el brazo. Acto seguido, cientos de gotas empezaron a caer como si alguien desde arriba quisiera complicarnos más la situación en la que nos encontrábamos. Y entonces  sonó un fuerte golpe y unos crujidos de maderas.

-¡CORRED, CORRED!- Todos empezaron a subir a la azotea mientras Nando y Marco intentaban poner lo que encontraban a su paso en las escaleras que subían a esta. Había que actuar rápido  y más si los infectados estaban  en la planta de abajo sedientos de seres vivos. Así pues me puse a pensar y observar todo lo que nos rodeaba. Por mi cabeza pasaron varias opciones desde dejarse caer desde el borde de la azotea hasta intentar aguantar todo hasta que alguien nos encontrase y nos intentase ayudar, pero sabía que la consecuencia era no favorable para nosotros. Tenía ganas de llorar y acurrucarme en un rincón pero entonces vi a Lucas y Adán agarrados de Diana e intentando guardarse el miedo y no exteriorizarlo. Debía seguir pensando en algo y no fallar. Alex  y Víctor se habían unido a Marco y Nando en su lucha por evitar que no subieran los infectados, de los que se empezaban a ver sus brazos largos. Mientras, Tomás, rezaba en un lateral de la azotea, alejado de la zona de las escaleras.

-¡PIENSA RAPIDO POR FAVOR!- gritó Alex mientras clavaba su mirada en mí. Ahora todos estaban pendientes de un Hilo….pendientes de mí.

Miré de nuevo. Sabía que  debía haber una solución delante de nosotros y de pronto observé algo: un gran cable de electricidad negro, de unos casi 5 cm de ancho, colgaba del taller hacía un poste de madera que iba a parar justo dentro del desguace. Me vino la imagen de una película muy famosa donde dos policías se escapaban de una prisión de máxima seguridad: “TANGO Y CASH”. Así que ese era el plan: colgarse del cable e intentar cruzar hasta allí.

-TENGO LA SOLUCIÓN- grité mientras me empecé a quitar la camiseta – EL CABLE SERÁ NUESTRO PUENTE- todos miraron empapados. Sabían que era un disparate y podría llevarnos a un peligro aún mayor, caer en medio de la calle, pero era un riesgo que debíamos asumir, si no queríamos caer bajo las garras de los infectados en la azotea.

El primero en intentarlo fue Nando. Aunque sabíamos que la corriente eléctrica no iba desde hacía mucho tiempo, no queríamos correr ese riesgo. Cuando ya se cercioró que no corría peligro en ese sentido, hizo una gran demostración de su gran capacidad deportiva. Eso sí, no gustó nada cuando estando en el medio, un sonido crujiente hizo tambalear un poco  el poste de madera.

-¡RAPIDO GENTE, NO CREO QUE LA MADERA AGUANTE! ¡DEBE ESTAR PODRIDA! –gritó Nando mientras empezaba a observar el desguace por si había infectados también dentro.

Empezamos uno a uno a deslizarnos por el cable. Diana, por su poca habilidad en colgarse por la cuerda  y Víctor por su herida, lo pasó realmente mal pero también lo consiguieron. Faltábamos Tomás, Marco y yo, cuando llegó lo peor. No nos poníamos de acuerdo en quien ser el primero. Tomás, sabía que no podía realizarlo pese a que todos lo habían conseguido. No se veía capaz y empezó a entrarle un miedo escénico que le paralizó por completo.

-Ve tú que yo intento ayudarle al hombre por el cable. Tengo más fuerza que tú- me comentó Marco mientras se asomaba a la pequeña barricada en la escalera. Esta, estaba cediendo mucho y de un momento a otro iba a romperse siendo la azotea invadida por cientos de infectados. Eso sería nuestra muerte si seguíamos encontrándonos ahí.

-De acuerdo Marco. Tened cuidado.-

Empecé a deslizarme por el cable. Parecía mas fácil cuando veía cruzar a todos pero no lo era. El cable muy mojado, empezaba a resbalar y la madera del poste había cedido. Menos mal que ya no tenía el mismo peso que antes, sino, con dos personas, esto caería seguro. Ya iba por el medio del cable, el cual bajaba cada vez más cuando se escucharon unos gritos y entonces noté que el cable se bajaba mucho más de lo habitual ¿Qué ocurría? Intenté observar hacía delante pero no ocurría nada. Miré hacía atrás y entonces miré al cura que había saltado y estaba colgado de mala manera en el cable, observando todos que de un momento a otro caería al suelo, donde empezaban a acercase algún infectado que no había podido entrar en el local y se encontraba alrededor de éste.

-NO- gritaba Marco mientras le intentaba coger pero el hombre se encontraba ya muy abajo. Lo peor llegó segundos después: la madera del poste se rompió  y los dos caímos al suelo.

martes, 21 de agosto de 2012

LOS INFECTADOS_ZARAGOZA "Z" (CAP. ESPECIAL 2)


Me cambié de ropa y me aseé como pude en los baños de mujeres. Había un silencio sepulcral de tal intensidad que todo lo que ocurrió en estas semanas me pareció una pesadilla. El contacto con el agua me ayudó  a sentirme mejor; estos días de comer a base de chocolatinas y agua me habían hecho perder unos kilos.

Estaba afeitándome, cuando me hice un corte en la mejilla y me obsesioné de tal forma que de tanto lavarme y restregarme con una toalla, la cara se me puso tan roja que me hizo sacar las mejores carcajadas… que acabaron apagándose para dar paso a las lágrimas.  ¿No era de locos todo lo que estaba pasando?

Dormí en unos sofás que había en medio del pasillo que tenía varias ventanas que daban a la ciudad de Zaragoza. He dicho sofás porque durante la noche me estuve despertando por ruidos en la calle y asomándome con precaución para no delatarme y cada vez que lo hacía me cambiaba de sofá. Ahí estaban, paseándose por la negra noche donde ya no había luces, pero sus siluetas vagaban de un lado a otro buscando cómo alimentarse, apoderarse del cuerpo de algún desgraciado y destrozarle como pasó cuando huía de mi casa.

Escuché un disparo en la lejanía. Fue en unas de las veces que cambiaba de sofá y el sonido recorrió mi cuerpo en forma de escalofríos y acompañados por el sentimiento de miedo. Mis labios comenzaron a temblar y como un niño pequeño me acerqué de nuevo a las ventanas. Miré todo el tiempo el patio de mercancías y el callejón pero no vi nada especial. Pensé en bajar al supermercado y trazar un plan para moverme y buscar a otros como yo.

Absorto aún con el pensamiento de irme no me percaté de que una de las puertas estaba abierta. Corrí por el pasillo nada más darme cuenta para bajar y averiguar cómo estaba la situación. Por el camino resbalé por culpa de los azulejos pero no llegué a caerme. Recuperé rápidamente el equilibrio y bajé las escaleras sin olvidarme de saltar en un rellano para ahorrarme unos escalones. Saqué del bolsillo una linterna que antes de subir a las oficinas había cogido de la tienda.

Tenía el corazón a punto de salirme por la boca y esto alimentaba mi desasosiego cada segundo que se sumaba a mi posible final.

- ¿Final? Vamos Ángel – Me animé a mi mismo – Eres estudiante de psicología y siempre has tenido autocontrol.

Paré en seco en medio del supermercado, aunque sentía mi propio pulso y escuchaba cómo mi respiración se aceleraba por momentos.

El silencio seguía acompañándome y mi sensación era que esta misma noche me estaba traicionando. Su mudez y la duda de saber si una de esas cosas me vigilaba entre un estante lleno de televisores para saltar sobre mi y devorarme me tenían en vilo.

La poca luz que había entraba por las ventanas y de la linterna que aún tenia en mi mano. La tenía sujeta con firmeza pero a pesar de ello temblaba.

De repente, de un lado del lineal salió una mujer mayor gruñendo como un perro. Su brazo izquierdo no estaba colocado en su sitio como debería ser, pero no podía impedirle que me mordiera.

Comenzó a acelerar el paso hacia mí cuando orienté la luz sin querer enfocando su cara. Estaba a escasos metros de ella y solo se me ocurrió coger un televisor pequeño y lanzarlo con tanta fuerza que sólo la hizo desequilibrar un poco. Hacer lo mismo que hice con Esther no iba a funcionar, así que sólo me quedaba la oportunidad de correr de nuevo y salir de ahí.

Llevaba unos zapatos de tacón bajo, así que podía escuchar sus pasos detrás de mí pero le costaba mucho alcanzarme. Me metí entre los lineales de electrodomésticos y me detuve un momento para localizar a mi depredadora. Su gruñido podría atraer a los que estaban fuera y no me apetecía ser la cena de nadie.

Entre las neveras me di cuenta de que estaba al otro lado intentando localizarme. Aproveché para tirar una de las neveras, intentando que cayera sobre ella para bloquearla. Sus gritos tenían que parar de una vez por todas. Quería acabar con ella de una vez e incluso acabar con toda esta pesadilla y volver a estar en mi piso estudiando para el examen de psicología social.
Me subí sobre la nevera que aún estaba encima de la señora. Tenía una fuerza descomunal pero podía mantenerme sobre la nevera, aunque parecía un surfista subido sobre su tabla cogiendo olas en las costas cántabras.

La mujer se movía tanto para quitarse de encima la nevera que me tiró hacia un lado dejándome en el suelo. La linterna daba vueltas en el suelo alumbrándonos con un efecto intermitente y sentado comencé a recular buscando algo para defenderme de la mujer mientras la veía venir arrastrándose con intención de agarrarme un pie con su única mano.

Palpé un objeto que podía coger con la mano y no dudé en estrellarlo en su cabeza. Se hizo pedazos y me di cuenta, cuando me quedé con el asa en la mano, de que era una jarra. Giré y pude ver que estaba en una balda llena de jarras de todo tipo. La linterna dejó de dar vueltas en el suelo y la alumbraba a ella. Era la ocasión de acabar con la mujer que se volvía de nuevo hacia mí.

Me sentí como un alemán en la Oktoberfest cogiendo dos jarras inmensas. Cuando le tiré las jarras la mujer siguió avanzando pero me dio tiempo a levantarme. Cuando caminé unos pasos de espalda, sin quitarle el ojo de encima, me di cuenta del extintor que colgaba en una columna. Rompí su cabeza con él. La mezcla de su pelo plateado con la sangre y restos de hueso craneal cruzó mi mente como si fuera un cartel luminoso de publicidad. Recogí la linterna del suelo y luego dejé caer el extintor al suelo.

No podía soportarlo más, estaba a punto de explotarme la cabeza. Tenía el pelo totalmente mojado de sudor y mi frente retenía algunas gotas que no bajaban hacía mis cejas, como si también se hubieran asustado por la experiencia pasada.

Comencé a andar hacia el local donde estaba con Oliver antes de quedarnos atrapados en el almacén. La linterna seguía funcionando y fui caminando por los lineales para llegar a mi destino, donde me esperaban la mochila y los alimentos para salir de aquí. Un sonido me puso los pelos de la nuca de punta y apresuré el paso. Estaban entrando por la tienda y no me quedaba otra que escapar de ahí. El único plan que veía factible era bajar al parking pero no sabía si tenía escapatoria desde ahí.

Cogí la mochila y metí varias latas de comida. Me acordé de la radio y de una palanca que había cogido con anterioridad. Cuando ya me colgué la mochila oscura a mi espalda salí al pasillo para mirar si estaban cerca. Podía escuchar sus pasos de un lado a otro; en la pared de enfrente estaba la puerta para llegar a las escaleras. Corrí a toda prisa y abrí la puerta con fuerza.  

No hice ningún tipo de pausa y bajé escaleras abajo para llegar hasta el parking. Antes de empezar a bajar escalones como un poseso pude oír que los pasos se aceleraban causando un eco terrorífico en el pasillo central.

El primer coche, de color blanco, tenía las puertas cerradas. Una furgoneta estaba abierta de par en par así que entré por la parte de atrás cerrando lo más rápido posible todas las puertas. Era la furgoneta de la floristería y las llaves estaban puestas en el contacto. La cabina de transporte de mercancías no tenía ventanas y había algunos sacos de tierra. Me tumbé sobre los sacos y cerré los ojos con fuerza. Sé que esta acción me impediría salir de esa escena llena de peligro como quería pero la suerte ya estaba echada.



Las bestias no se asomaron al parking. Estaba a oscuras en la furgoneta y la falta de sueño me pasaba factura. Estaba muy cansado y quería trazar un plan para salir de ahí pero era como luchar contra una ola y perder las fuerzas.

1ER ANIVERSARIO de "LOS INFECTADOS"

Hace un año empecé este relato que en un principio empezó como un proyecto personal, el cual quería compartir con todo el mundo que se animase a seguirlo una historia ambientada en un futuro apocalíptico en el que los zombies ( al que llamo en el relato "infectados") dominaban todo.
Desde entonces he obtenido varias felicitaciones y pese a que sé que no soy un profesional escribiendo, poco a poco voy cogiendo más confianza con las letras y más organización a la hora de narrar.

Quiero dar las gracias desde aquí a mi pareja, Mª JOSÉ, que me ha apoyado en todo momento, a MANEL LOUREIRO por su gran trilogía "APOCALIPSIS Z" y CARLOS SISÍ, por su trilogía "LOS CAMINANTES" los cuales me hicieron engancharme por completo a la lectura "Z", a JUAN MANUEL MARTINEZ ZURITA, del blog ZOMBIES  (que os animo a que sigais) que me dio el gran empujón para crear el blog, a todo el mundo que me ha visitado hasta el día de hoy (unos 11200  visitantes) de los que he sacado fuerzas para seguir escribiendo y también a mi gran colaborador en el blog, CHABI ANGULO HERNANDEZ, que en estos últimos meses me ha apoyado muchísimo tanto con sus grandes ideas como sus capítulos especiales ( ZARAGOZA Z) para poder hacer de LOS INFECTADOS más que un proyecto personal.

Espero seguir haciendo más grande el relato, que siga teniendo el exito como el que ha tenido en este tiempo y  sobretodo, que todo el mundo disfrute con la lectura y se aníme a colaborar con el blog y a opinar, ya que gracias a vosotros, esto mejora cada día.


MUCHAS GRACIAS "INFECTADOS"