Horas antes
-Corre tío, no te atrases. Dos soldados de exploración, que Jackman utilizaba para reconocimiento antes de enviar a toda la tropa volvían de explorar casi hasta las mismas puertas de la ciudad. Provistos de un rifle de alto alcance se iban arrastrando por unos matorrales ya muy cerca de donde Jackman y todo el grupo de soldados de asalto se preparaban. Sabían que si se acercaban más sería un suicidio, ya no por supuestos vigilantes de las puertas de la ciudad de Aranjuez que les verían en la gran recta, sino por la cantidad de infectados que rondaban en busca de algún ser vivo. Además, habían vivido ya algunas experiencias parecidas.
Antes de investigar, se cargaron a un grupo de vigilantes de la ciudad apostados cerca de un centro comercial en la zona del casino. Les había venido bien ya que este grupo les aportó más armamento y conocimiento de la frecuencia de walkies que utilizaban. Ahora tenían una gran ventaja: información sobre el enemigo.
-Pedro, cuidado. 10 metros a las tres. El soldado miró a su derecha mientras seguía gateando y observó con cierta sorpresa como un infectado, con medio brazo colgando de su clavícula al aire, se acercaba lentamente hacía ellos. Tenía todo el pantalón lleno de hierbas, paja y barro seco – Pásame el hacha. No quiero llamar mucho la atención de los otros infectados que estén alrededor.
El soldado le pasó a Pedro el hacha y este con un movimiento rápido cuando observó que el infectado estaba a menos de un metro, le cortó por la altura del tobillo. Sabía donde cortar y el infectado cayó al suelo. Entonces Pedro giró el hacha y con la otra parte, en forma de punta, le clavó en la frente del infectado. El sonido le recordó a cuando abría un cacahuete.
Siguieron rectando hasta llegar donde Jackman.
El material que consiguieron aportó a los soldados más autonomía en armamento. Si todo iba bien y se hacían con la ciudad llegarían al arsenal de ésta y no habría problemas para defenderse. Pero lo que a Jackman le gustó fue el walkie talkie. Pese a no tener casi batería, esto era el mejor arma contra el nuevo enemigo.
“información es poder” recordaba la frase de su capitán hace años. Que frase tan cierta.
-Señor, hemos comprobado todas las afueras de la ciudad señor. Un campamento de vigías se apostaba un poco más adelante. Les hemos neutralizado. En cuanto a la ciudad, sus muros solo se extienden por la puerta principal y parte de los jardines del príncipe. También se han aprovechado de los recursos de la naturaleza, en este caso de los dos ríos que cruzan la ciudad. El palacio, tal y como usted indicó anteriormente, parece ser su centro de operaciones. Sus soldados están armados y aunque son numerosos no parecen estar formados militarmente, ya que sus rondas de vigilancia no siguen un orden establecido. En cuanto a la forma de entrar a la ciudad, al parecer no va a ser fácil. Hay mucha cantidad de obstáculos en el paisaje y podrían vernos en cualquier momento. El problema más grande viene ahora señor: Los infectados. Alrededor de la ciudad hay una gran actividad de estos ya que los vivos les llaman la atención. Creo que los mismos soldados de la ciudad les utilizan también para que no vengan a asaltarlos de golpe. Será un grave obstáculo para entrar ahí.
Jackman miró al soldado con una sonrisa. Sabía que estaba rodeado de los mejores y el grupo de reconocimiento había hecho bien su trabajo. El informe para el estaba completado- ¿está dentro? Su pregunta hizo que el soldado pensase por un momento que todo lo dicho hasta ahora le pareciera a Jackman una tontería.
El soldado tragó saliva y contestó – Si señor. Está en camino. Lo hemos visto con nuestros propios ojos.
-Muchas gracias soldado. Retírate y prepare a sus compañeros. Debemos actuar rápido. Ahora el tiempo corre en contra nuestra. Planearé todo y nos moveremos en unos minutos hacía la ciudad.
Jackman sabía lo que hacía y tenía claro que su objetivo se iba a cumplir. Iban a asaltar la ciudad de Nueva Aranjuez e iban a atrapar a esos malnacidos que les pusieron en jaque en aquel decatlón. Nunca hasta ahora se había centrado en una persona o grupo y con ellos lo estaba haciendo. Ya empezaba a convertirse en una obsesión y aunque los soldados que tenía a su mando le seguirían pese a sus locuras y obsesiones, algunos como Lautin se habían empezado a dar cuenta. Aún así, era mejor no llevarle la contraria.
-Señores…un fallo es una baja y les recuerdo que son los mejores. Por muchos que sean nosotros somos algo: eficaces. Vayan con sigilo y ataquemos el palacio sin piedad. No quiero vivos, excepto al general, líder o gobernador. Una vez consigamos a ese personaje, tendremos seguramente el control de la ciudad.
Como si de espartanos se tratase, los soldados cogieron y empezaron a moverse como si de terreno en plena guerra se tratase. Sus movimientos, sigilosos pasaron inadvertidos para los infectados que rondaban la zona donde se encontraban. De vez en cuando se escuchaba un golpe seco, de algún soldado dando una estacada o golpe certero a algún infectado que se cruzaba en su camino. Era un espectáculo visual verles en acción.
Al cabo de un rato, llegaron a las orillas del Tajo, cerca de los jardines del príncipe, donde los infectados no se concentraban mucho. Su acercamiento había sido sigiloso como Jackman quería.
-cuidado señores- hablaba en voz baja Jackman mientras observaba como varios focos se movían apuntando desde el otro lado a la orilla donde se encontraban. – cojan buena cobertura. No queremos que nos delate cualquier error.- de pronto se calló mientras una luz blanca pasaba cerca de su cobertura. Por un momento se paró cerca de su posición, pero en unos segundos se movió enfocando a otras zonas.
Entonces Jackman cogió dos piedras. Chocarlas una vez suponía que sus hombres se metieran en el río para nadar hacía la otra orilla. Su objetivo era penetrar por los jardines del príncipe y desde allí intentar acercarse al muro de la ciudad, un poco lejos de la puerta principal donde se concentraba mayor seguridad.
Iba a chocarlas cuando escuchó un grito de susto de uno de sus soldados. Pronto observó movimiento entre sus soldados por donde había notado el grito. Se acercó para ver lo que ocurría y se bloqueó por unos instantes con la imagen. Varios soldados golpeaban al agua mientras otros soldados ayudaban a salir a otro que estaba siendo arrastrado hacía el agua. Fue cuando se dio cuenta lo que ocurría: dentro del agua había infectados. Por diversos motivos, ya fuera porque les habrían lanzado al agua o porque los mismos infectados, en un intento de acceder a la otra orilla, se adentraron en el rio y no pudieron salir de éste. Maldijo para sus adentros a los vigilantes de aquella ciudad mientras se apartaba un poco de la orilla al observar que todos sus soldados salían ilesos de la situación.
-Malditos listos. El Tajo está lleno de muertos. Tengan cuidado señores, el fondo del Tajo, así como las orillas están llenas de infectados que habrán lanzado o incluso habrán caído. No sé la profundidad del rio, pero a lo mejor la han disminuido para tener una barrera natural.- calló durante un momento. Sabía que si no actuaban rápido sabía que les descubrirían así que hizo señas para que se separasen de la orilla y volviesen al menos diez metros lejos donde les indicaría un segundo plan.
-Señores…hemos visto que el Tajo si es una muralla, natural, pero que han sabido utilizar. Hay otra opción y es la puerta principal – señaló al suelo- el alcantarillado. Puede que tengamos los accesos cerrados o el alcantarillado no cruce el rio, pero necesitamos intentarlo.- dicho esto, empezó a acercarse a la alcantarilla más cercana. A los dos minutos, cerrando rápidamente el alcantarillado para impedir que los infectados les siguiesen, todos los soldados se adentraron hacía la oscuridad.
Con el paso constante y con cuidado, se valieron de unas pequeñas linternas de bicicletas que recogieron en el decatlón y que habían acoplado en sus armas para seguir avanzando por los estrechos pasillos del alcantarillado. Los pasillos eran dos aceras de un metro de ancho y en el medio un pequeño viaducto por donde antiguamente el agua no deseada transcurría. Ahora, lleno de hojas, basura acumulada y alguna que otra pequeña madera o material, hacía que el lugar tuviera un olor a humedad y las paredes hubieran criado moho verde. El silencio del alcantarillado solo se veía interrumpido por breves goteos de agua. No se veía nada de momento. Tampoco se observaba ningún ser vivo. Tanta calma empezaba a inquietar a Jackman.
-Sigamos soldados, con cautela. Estamos cerca ya de donde debería estar el puente que cruza el rio. Ahí sabremos si el alcantarillado cruza el rio sin complicaciones o no.
Los soldados, atendiendo a las palabras de Jackman, empezaron a moverse más despacio, sabiendo que si encontraban a alguien o algo, debería ser en ese momento.
-Cuidado chicos, cuidado. Empiezan a abrirse distintos caminos por los laterales.- Jackman continuaba orientando a su grupo mientras el pasillo empezaba a engrandecerse hasta llegar a un cruce de desagües amplios que llegaban de otras direcciones.
-Para donde señor.- los primeros soldados preguntaron mientras los demás se organizaban para defender cualquier posible ataque que viniese por cualquier flanco.
Jackman se metió la mano al bolsillo y sacó una pequeña brújula con el cristal estallado: Su tan apreciado amuleto. Una simple brújula que portó durante sus misiones y que hubiera sido un simple material de poco valor si no fuera porque una vez, un disparo que alcanzó a Jackman fue neutralizado por esta. Desde entonces la brújula con el cristal estallado se convirtió en compañera fiel de Jackman pese a ser difícil su visibilidad a la hora de orientarle.
-por allí señores. Si todo es como me huelo, el alcantarillado empezará a bajar hasta por debajo del rio, por donde entraremos a la ciudad.- dijo señalando a una dirección que tenía unos escalones hacía abajo. Con rapidez, los soldados empezaron a moverse.
La situación parecía sacada de una típica película de terror basada en los pasillos de las naves espaciales. El primer soldado, ayudado por la pequeña luz, solo veía hasta dos metros por delante suya. Le seguían los demás soldados y por jackman, el cual estaba por la mitad de todo el grupo.
El último soldado escuchaba el goteo que rompía el silencio que se quedaba a sus espaldas. De vez en cuando se giraba para asegurarse que nadie le siguiese. De pronto el sonido del goteo se vio interrumpido por un breve sonido metálico cercano a su posición. El soldado rápidamente se giró con tan mala suerte que dio su arma con la tubería de la pared del pasillo. El sonido metálico hizo un eco por todo el pasillo. Todos los soldados excepto los tres primeros se giraron para ver que ocurría.
-Tranquilos.- respondió el último soldado ante las luces que le apuntaban – he dado sin querer al girarme.
Jackman, hizo un gesto a los soldados cercanos para seguir el ritmo. –señores, tengamos cuidado. Un fallo y nos pueden delatar nuestra posición. No quisiera tener que abandonar el lugar con una derrota.
El grupo siguió hacía adelante. El primer soldado entonces observó que tal y como Jackman había intuido, el alcantarillado empezaba a bajar en escalones hacía abajo por los laterales. El sonido suave de agua caer hacía abajo indicaba que el viaducto que había en el medio del alcantarillado aun seguía moviendo agua pese a que el alcantarillado estaba inactivo por el apocalipsis.
-cuidado señores- mientras, empezó a bajar.
Al último soldado apenas le llegó la noticia cuando notó otra vez el sonido metálico y unos roces como en la pared cada vez más cerca. Esta vez con cuidado se giró para ver si algo o alguien les seguía. Apuntó a la oscuridad y pese a que ya el sonido metálico y los roces no cesaban no observó nada.
-Venga Jonás. No nos jodas con otro sonido de los tuyos- le replico el penúltimo soldado del grupo. -¿Qué ves?
-tío...creo que hay algo que viene aquí-
El soldado llamó a los soldados que seguían el ritmo hacía adelante. Esos segundos en los que se pararon hicieron que los demás soldados se distanciasen unos metros de estos dos soldados.
El sonido de roce y metal aumento.
De pronto, la luz que llevaba en el arma llevaba empezó a parpadear hasta apagarse.
-maldito golpe….sabía que me pasaría factura…- de pronto se encendió la luz al momento en que el sonido dejaba de sonar. Jonás entonces apuntó con el arma hacía adelante.
Todo ocurrió rápido. Nada más levantar el arma para enfocar a la oscuridad apareció la imagen de un infectado con la boca abierta, piel verdosa y los ojos con una capa blanca como si tuviera cataratas. Solo le dio tiempo a disparar una ráfaga con su arma mientras el infectado le agarraba y le mordía cerca del cuello. El arma cayó al suelo con la linterna encendida pero parpadeando. Rápidamente y apuntando con las armas, hacia la zona, empezaron a acercarse a donde Jonás había dejado caer el arma. No veían aún nada por la distancia con sus armas pero conforme se acercaban escuchaban como algo masticando. Fue cuando se acercaron casi a dos metros y vieron algo tumbado en el suelo y alguien inclinado en el suelo haciéndole algo. Al momento se giró.
-¡UN MALDITO INFECTADO!- gritó un hombre mientras los demás observaban como el infectado con toda la boca llena de sangre e incorporándose, tenía intención de ir hacía ellos. Un tiro seco le devolvió al suelo.
Pero el sonido del arma cuando Jonás disparó en su último intento por salvarse despertó algo. Pronto el sonido de roces con la pared, algo pisar hojas secas y gemidos demostraron a Jackman y sus soldados que si había actividad de infectados en el alcantarillado.
-Corran señores. Ya no podemos volver hacía atrás. Debe haber muchos infectados y no podemos hacer más ruido. – habló en alto Jackman mientras guardaba el arma con la que había disparado al infectado y se unía a la trayectoria hacia adelante. Por la cabeza de jackman pasaban miles de ideas. ¿Cómo podía haber perdido a otro hombre? Pero ahora no podía coger y pararse a pensar en el error cometido. Ya no había tiempo y debían seguir.
De golpe escucharon ruidos fuertes y como caídas detrás de ellos. Sabían que los infectados no se habían percatado de los escalones que había en el alcantarillado y estaban cayendo hacía abajo. Con suerte alguno se partiría el cuello o se reventaría la cabeza y no volvería a levantarse jamás, pero para Jackman eso no le valía para cesar de correr. Lo mejor era encontrar el alcantarillado más cercano y si no había peligro alguno, ascender hasta la ciudad. Al momento, escuchó algo que le alegró en ese momento.
-SEÑOR, UN ALCANTARILLADO-
Sabía que habían llegado y tocaba conquistar Nueva Aranjuez.
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