Habían pasado unas cuantas horas y la noche ya caía en Nuevo Aranjuez.
Por lo poco que pudimos observar por la ventanita de la celda que daba a las calles de la ciudad, pudimos comprobar que esa noche iba a ser quizás la última de nuestras vidas. La mayoría de la población empezaba a concentrarse alrededor de la plaza de toros y esperaban a que abriesen los accesos
-Como si se tratase de una maldita corrida de toros- habló un hombre que se apartó y apoyado en la pared, empezó a golpearla con el puño cerrado unas cuantas veces hasta hacerse daño en los nudillos. – No se si es mejor haber intentado escapar de aquí. Al menos la muerte sería rápida.
-¿Crees que esa es la solución?- Respondió Fénix con un tono agresivo -¿Te crees que es esa la mejor solución?- se acercó al hombre mientras este se incorporaba recto. –tu no sabes lo que dices. Esa solución lo único que te hace es vagar como un podrido hasta que ellos quieran. Serías objeto de burlas hasta que ellos quisieran. Aquí al menos tenemos derecho a una oportunidad-
-¿oportunidad? ¿Esta? perdona pero creo que no estás viendo lo que ocurre a nuestro alrededor. Tu amigo ahora mismo si ya no lo han convertido en un podrido estará sufriendo. Pregúntale si prefiere dejar de sufrir de golpe o seguir esperando tener esta oportunidad en el estado que estará. Se lo que hacen con los heridos- dijo esta última palabra en tono burlesco- y te puedo asegurar que cuando le ves frente a ti en la arena te das cuenta de muchas cosas- el hombre habló señalándole con el dedo en la cara.
Fénix, ofendido, perdió los papeles y le pegó un puñetazo. El hombre intentó defenderse pero Fénix se cebó volviéndole a golpear nuevamente. Con rapidez, todos les empezamos a separar. Sabíamos que si los guardias veían una pelea podrían actuar de la peor manera, y perder a Fénix podría suponer un palazo para el grupo.
Al cabo de un rato Fénix se calmó al igual que el hombre con el que se había peleado.
Diez minutos después el carcelero llegó con un nuevo prisionero.
El hombre, alto, corpulento, vestía ropaje militar, cosa que nos llamó al grupo y a mí la atención.
Para nuestros adentros, sabíamos de donde procedía ese hombre. Era uno de los soldados que habían perseguido desde Móstoles a Fénix y los demás y en Humanes de Madrid estuvieron a punto de hacerlo ya formado el grupo entero. Pero… ¿Cómo que estaba aquí en Nueva Aranjuez?
-Entra aquí.- un empujón le hizo meterse dentro de la celda. Luego después de cerrar y juntarse con otro hombre armado que le acompañaba habló en alto
- HA LLEGADO LA HORA- Calló un momento y nos miró – Algunos ya conocéis lo que pasa aquí, ya que habéis sido ciudadanos de la ciudad. Pero otros sois de fuera. Aquí os enfrentareis a infectados y animareis la dura vida de todos nosotros, los ciudadanos de Nueva Aranjuez. Luchar por vivir y a lo mejor Dimitri os concederá la libertad. Pero si no lucháis….El Tajo será testigo de vuestra muerte- miró a todos los que estábamos en la celda. – Dentro de unos minutos os abriremos para ir a la arena.-
Dicho esto, el carcelero desapareció.
Muchos se vinieron abajo suplicando agarrados a las jaulas que les sacasen de aquí gritando que harían lo que fuese por su libertad, pero estos cada vez se escuchaban menos gracias al jaleo producido por la gente que empezaba a acceder a la plaza.
Yo miré por última vez por la ventana de la celda. No pude venirme abajo recordando el destino de María José, ya apartada de mí.
Claramente se podía observar quienes habían sido los antiguos ciudadanos, ahora castigados por lo que suponíamos algún delito o hecho que Dimitri no aceptaba y los que no sabíamos en realidad lo que todo esto significaba.
-¡AFUERA!-
Ella sola, ya en manos de estos brutos y sin que la pudiera ver por última vez para despedirme bien de ella.
-¡AFUERA!- El carcelero volvió a repetirlo. No me había dado cuenta pero habían pasado unos minutos mientras reflexionaba lo que estaba ocurriendo. La gente entonces se puso en fila esperando salir a la arena.
El recorrido por los pequeños pasillos que llevaban a la arena fue de infarto. Muchos, intentaron volverse hacía atrás, pero los solo el ver a los hombres que había detrás con las ametralladoras, volvieron a ponerse en su sitio. Me recordaba todo a la película de Gladiator, cuando los gladiadores estaban a punto de salir a la arena. Por la rejilla de la puerta principal, aún cerrada, se observaba la luz artificial de unos grandes focos que habían instalado en la plaza de toros. Todos esperábamos que se nos abriese la puerta y enfrentarnos a lo que fuera. Esa difícil oportunidad de seguir viviendo un poco más.
Cerca, en alguna celda cercana al pasillo, se oían los gemidos de infectados. Al parecer les tenían enjaulados como nosotros y si le añadíamos que el ambiente de tanta gente cerca les estaba poniendo rabiosos, se nos ponían los pelos de punta, ya que iban a estar muy activos y rabiosos.
Al cabo de un rato, sin abrirnos la puerta aún, empezaron los comentarios
-algo pasa. Es raro que no nos hayan abierto la puerta.
-Es como si quisieran que nos pusiéramos más nerviosos de lo que estamos.-Entonces un hombre habló haciéndonos pensar muchas cosas-Yo he llegado a ver unos cuantos espectáculos de Dimitri y no es normal. Algo está pasando. No suelen tardar tanto- fue interrumpido entonces por gritos de gente y mucho bullicio.
-¿Qué ocurre?- empezamos todo el mundo a preguntarnos mientras nos empezábamos a agachar o apiñarnos entre nosotros.
Pero si pasaba algo. La gente empezaba a gritar y salir de la plaza. El ruido en el techo indicaba que la forma de evacuar la plaza de toros no era tranquila sino todo lo contrario.
A lo lejos, fuera del recinto, se empezaron a escuchar disparos y explosiones.
-Algo pasa ahí fuera. No es normal que el espectáculo que iba a ser en la plaza de toros sea fuera.- me comentó Alex. – No me gusta nada-
-A lo mejor vienen a salvarnos – habló un joven que hasta ahora intentaba mantenerse escondido cerca de otros conocidos suyos.
-Sea lo que sea, debemos salir de aquí. Rompamos estas maderas de la puerta y salgamos por la plaza. Si nos colamos por la gente que está saliendo puede que tengamos una oportunidad.- Fénix habló en voz alta para que la gente le escuchase. Se notaba su voz de mando y su pasado como policía. Sabía dominar a la gente en momentos de angustia.
Fuertemente, todos empezaron a golpear con fuerza tablones de la puerta. La madera era resistente, pero la aplicación de varios golpes tan seguidos acabó por romperla, empezando a abrir huecos en la puerta. Una vez creado el agujero y observando que no había ningún hombre de Dimitri ni el carcelero atento, empezó a salir todo el mundo por el.
La gente pasaba delante de mí y poco a poco me iba quedando de los últimos para salir de las celdas, pero no quería salir sin mi grupo. Observé que ellos también se quedaban esperando.
-No voy a salir sin Dani. No sabemos donde puede estar y si aun hay suerte no le habrán hecho ninguna fechoría.-
-Estoy totalmente de acuerdo- contesto rápidamente Nando y se añadieron nuestras contestaciones afirmativas también.
Dicho esto, empezamos a dispersarnos y movernos por los pasillos, observando las salas y demás jaulas. Al cabo de un rato, desesperados volvimos a reunirnos.
-Solo falta la jaula de los infectados- habló Víctor. –me temo lo peor…
Entonces, serios, sin hablar, empezamos a ir hacía los gemidos de los infectados.
Todo estaba oscuro por ese lado excepto una luz blanca que parpadeaba de vez en cuando y provocaba una atmosfera más tenebrosa. La humedad por ese pasillo que llevaba hacía los gemidos se hacía notar. Por las tuberías del techo parecía indicar que allí una vez fue la zona de aseos y calderas de la plaza de toros.
Teníamos cuidado al seguir por ese camino. No sabíamos si el carcelero o algún hombre de Dimitri custodiaba esa zona. Al cabo de unos pasos, llegamos a la celda.
La imagen era escalofriante.
Una veintena de infectados, algunos sin miembros, otros con parte de la cara desfigurada, se movían lentamente y emitiendo pequeños espasmos. La mayoría se concentraba cerca de las ventanas, donde la gente pasaba cerca y huía de la plaza. Les llamaba la atención carne humana “viva” y ellos no podían evitar el sentirse atraídos.
Algunos, tropezaban entre sí pero como si no hubiera ocurrido nada, volvían a levantarse lentamente y seguir su curso.
-¿le veis?- hablé con cuidado y en tono muy bajo por si nos escuchaban.
-No..no nos parece que esté aquí. De todas maneras no puedo observar los que hay en las filas de atrás.
De pronto uno de ellos se giró observándonos con ojos blancos que parecían salir de sus orbitas. Su cara empezó a temblar y convertir su gesto en agresividad en estado puro. En cuestión de segundos, su movimiento torpe y lento pasó a convertirse en rápido y mortal. Sus manos caídas y colgantes pronto cogieron forma de garras y agarrotadamente se lanzó cerca de nosotros, pero por suerte los barrotes no le dejaron llegar. Lo demás era de esperar. La gran mayoría siguió al infectado, convirtiéndose en una jaula de infectados agresivos. Sus intentos por atraparnos, estirando los brazos entre los barrotes hacían que estos llegasen a moverse. Por un momento temimos que se rompiesen. Su fuerza debía ser descomunal.
-Sigo sin verle chicos- habló nervioso Nando mientras miraba entre las cabezas de infectados de la primera fila. –Creo que no..que aquí no está. Miró a Fénix y le fue a consolar – Tranquilo tio. Eso quiere decir que aún hay posibilidades de que Dani..- pero su rostro cambio cuando vio que Fénix, el cual seguía mirando hacia los infectados empezó a cambiar su gesto y brotar de él lagrimas. Rápidamente se giró. Todos nos quedamos mirando.
De los primeros infectados empezaron a salir brazos y manos, los cuales hacían que otros infectados ocupasen por momentos la primera fila donde los barrotes. Un infectado, aprovechando la caída de otro en primera fila se puso delante. Estirando los brazos y emitiendo breves gemidos intensos dando a entender su impotencia por no poder atraparnos se encontraba Dani, convertido en infectado. Tenía varios tiros en el pecho y varias marcas en el rostro.
Nos había dejado.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada